Sociedad Misionera de Cristo Rey
Fuente: Sociedad Misionera de Cristo Rey
Autor: Maru Ruano
Es un hecho doloroso que la mayor parte de los hombres viven hoy alejados de Dios y de la Iglesia. Casi toda la manera de pensar y vivir y la vida pública se separan cada vez más de la fe cristiana. En muchos lugares se ha llegado a la apostasía general, incluso a la subversión completa del orden natural y de la ley natural impresa por Dios en la naturaleza humana.
En esta situación del mundo contemporáneo, tan necesitado de evangelización, nace la Sociedad Misionera de Cristo Rey. Esta Sociedad Misionera no tiene otro deseo que trabajar con todas sus fuerzas para que de nuevo la vida privada y pública vuelva a conformarse con el Evangelio y que todos los hombres, llamados a la vida divina, vuelvan a Cristo como miembros vivos de la Santa Iglesia.
Por ese motivo la Sociedad Misionera de Cristo Rey quiere consagrarse a la evangelización y recristianización de los hombres, de las familias, de toda la sociedad humana, con un afán universal, ya que el bien cuanto más universal es más divino. No está circunscrita en su apostolado a una diócesis, región o nación, sino que su fin es el de la Iglesia universal. Su espíritu misionero la lleva a seguir la voz del Papa y de la Jerarquía católica, para trabajar en cualquier parte del mundo donde sea más necesario su apostolado. El Papa actual acaba de repetirnos en el domingo de Pentecostés: "El empeño misionero no tiene plazos e implica a todos los miembros de la comunidad cristiana, hoy como en los comienzos de la Iglesia".
La Sociedad Misionera de Cristo Rey desearía ser para nuestro tiempo como un don del Corazón misionero de Jesús. La regla primera que define su espíritu dice así: "El fin de nuestra Sociedad Misionera es, no solamente atender a la propia perfección cristiana sino con la misma gracia divina, procurar intensamente la santificación del prójimo en cualquiera parte del mundo donde se espera más servicio de Dios".
¿Quénes la integran?
La Sociedad Misionera de Cristo Rey es una Sociedad sacerdotal de vida apostólica, pero admite también a miembros seglares que busquen la perfección evangélica, según el espíritu de la Sociedad, vivan su mismo fin misionero y colaboren con la Sociedad en su apostolado, conforme a sus reglas particulares y bajo su obediencia.
¿Qué apostolados ejerce en la actualidad la Sociedad Misionera de Cristo Rey?
Nuestros sacerdotes trabajan en la actualidad en:
Catorce parroquias en la serranía de Cuenca y tres parroquias en la Mancha, de la misma diócesis conquense.
Una Escuela Apostólica para la formación y el fomento de vocaciones misioneras. En ella completan los candidatos los estudios de enseñanza media y los estudios de Filosofía y Espiritualidad. Los estudios de Teología los realizan en los seminarios diocesanos o en las universidades eclesiásticas según las indicaciones de los señores obispos.
Un Colegio de enseñanza, gestionado por la Fundación Padre Piulachs que depende de la Sociedad Misionera, cuyo nombre es el de Corazón Inmaculado de María. Se imparten en él desde los estudios primarios hasta el ingreso en la universidad o el mundo del trabajo. Los alumnos matriculados son 500. (Tanto la Escuela Apostólica como el Colegio, están situados en pleno campo, en la villa de Sentmenat muy próxima a Barcelona).
La Asociación Unión Seglar de San Antonio María Claret, para familias. Asociación Juvenil San Luis Gonzaga y congregación mariana "María Reina y Madre" para jóvenes.
Catorce turnos de Adoración Nocturna, misiones populares y ejercicios espirituales, catequesis...
Colonias infantiles y campamentos durante el verano.
La revista AVE MARÍA, que es la revista mensual mariana de mayor difusión en lengua española.
Visita la página de Sociedad Misionera de Cristo Rey
miércoles, 30 de abril de 2008
Concepcionistas Misioneras
Concepcionistas Misioneras
Fuente: www.concepcionistas.com
Autor: n/a
Carisma de la Familia Concepcionista
Un Carisma para una Familia
Dios otorgó a la Iglesia un nuevo “carisma”, una “gracia”, cuando inspiró a Carmen Sallés una manera concreta de vivir el seguimiento de Cristo propio de todos los bautizados.
- A partir de 1892, se inicia el camino de la Familia Concepcionista en la Iglesia, haciéndose presente en ella mediante una Congregación Religiosa. Es el principio. Pero las Religiosas se saben depositarias de una gracia carismática en continuo desarrollo. Leen en sus Constituciones: “Buscaremos en continuo discernimiento la respuesta válida a cada momento histórico”.
- En nuestro momento histórico-eclesial, especialmente a partir del Concilio Vaticano II, se va desarrollando el carisma en dirección al laicado. Porque una comunidad de fe admite diferentes niveles de participación y vivencia de esa fe. Así lo reconocía el XIII Capítulo General:
“El carisma concepcionista es un don que Dios nos ha dado para enriquecer a su Iglesia... no se nos ha dado en exclusiva, sino que debe ser compartido como don eclesial, generando una afinidad espiritual...”
Desde esa afinidad surgen dos maneras de vivirlo: desde una espiritualidad consagrada o desde una espiritualidad laical, unidas por la misma perspectiva de fe y de gracia.
Espiritualidad Consagrada
Para la joven que ingresa en la Congregación de Religiosas Concepcionistas Misioneras de la Enseñanza, lo mismo que para la mujer adulta que lleva años haciendo camino, la síntesis de su compromiso público ante la Iglesia, lo resumen así las Constituciones:
- “... Seguir a Jesucristo lo más perfectamente posible, imitando el género de vida que Él llevó...”
- “... Responder a Dios según las exigencias del Evangelio, en comunión fraterna, en castidad, pobreza y obediencia, imitando su tarea de Maestro que anuncia el Reino a las multitudes y acoge a los niños...”
- “... Desde su Concepción Inmaculada, María es imagen perfecta de lo que la Congregación entera y cada una de las religiosas deseamos ser. Ella es prototipo y modelo de nuestra fecundidad espiritual que, por la suya, se hace más amplia y universal”
Espiritualidad Laical
Para el laico concepcionista, Hombre o Mujer que descubre a Dios en su historia cotidiana, esta espiritualidad supone hacer suyas, en su realidad concreta, las palabras de Juan Pablo II: “... los laicos ofrecerán a las familias religiosas la rica aportación de su secularidad”.
Partiendo de su identidad seglar, desde las condiciones de su vocación cristiana, y contando con los compromisos derivados de la propia situación familiar y/o profesional, colabora en el proceso de asociación iniciado a partir del último Capítulo General Concepcioncita:
“Estudiar los caminos y estimular la implantación de un Movimiento Seglar Concepcionista, para aquellos que quieran compartir nuestro carisma y nuestra espiritualidad”.
Asociándose, encuentra apoyos para su maduración como cristiano que se va llenando de Dios, al mirar a María Inmaculada, llena de gracia. Y asimila y adapta a su estilo personal el de Carmen Sallés, que la Iglesia nos propone como modelo.
También ofrece su apoyo a otros, realizando la misión derivada del carisma concepcionista: la educación, en sus múltiples formas: en la enseñanza, en la familia, entre los amigos o en el trabajo.
Historia de la Congregación
Fundación de la Congregación
El 15 de octubre de 1892, apoyadas por el Arzobispo de Burgos don Manuel Gómez Salazar, Carmen y tres compañeras: Emilia Horta, Candelaria Boleda y Remedios
Pujals , estrenaban su proyecto de vida.
El 7 de diciembre nacía la Congregación de Concepcionistas de Santo Domingo.
El 16 de abril de 1893, aprobadas las Constituciones por el Sr. Arzobispo, emitían la profesión religiosa.
Iniciaban un camino que el tiempo demostraría atrayente para ser recorrido por caminantes diversos, en circunstancias diversas.
De 1892 a 1911, M. Carmen estableció trece casas en España, e inició los pasos previos para llevar su obra a Italia y el Brasil
Falleció el 25 de julio de 1911 dejando un encargo a sus sucesoras: “Id vosotras...”
S.S. Juan Pablo II la beatificó el 15 de marzo de 1998.
Sus restos son venerados en el Oratorio a ella dedicado en Madrid, c. Princesa 19 y 21.
Desarrollo
Colaboradoras directas de M.Carmen Sallés, las dos primeras Superioras Generales hicieron posible una progresiva continuidad congregacional:
M. Providencia Esquíroz e Íñigo (1911 - 1919)
Alumna de M. Carmen desde los diez años, fue elegida sucesora suya con 30 años de edad, en el I Capítulo General.
En 1912 inició las fundaciones de Italia (que no prosperó) y del Brasil, donde dejó abiertas tres casas.
En 1917 promovió la celebración de las Bodas de Plata del Instituto.
M. Lourdes Alonso Martínez ( 1919 - 1932)
Fue una de las primeras religiosas. Colaboró desde muy joven con la Madre Fundadora en tareas de Gobierno.
Trabajó con especial empeño en la aprobación del Instituto y de sus Constituciones, a cuyo fin viajó a Roma en 1925. Visitó dos veces las casas del Brasil, de donde regresó ya muy enferma a España en 1931, al proclamarse la II Repúbica. Falleció pocos meses después.
Profundas transformaciones sociales y eclesiales marcan las dos siguientes etapas en el gobierno del Instituto:
M. Piedad Espinal e Íñigo (1933 - 1958)
Tuvo que afrontar dos guerras: la civil española (1936 -1939) y la 2ª mundial (1939 - 1945) en que el Brasil participó como país beligerante. En medio de las dificultades de la posguerra española, alentó la celebración de las Bodas de Oro y se ocupó en dos procesos, pese a sendos extravíos de documentos: la Beatificación de M. Carmen y la aprobación definitiva de las Constituciones y del Instituto, alcanzada el Año Mariano de 1954.
Llevó la Congregación al Japón y a Venezuela. En 1958, al ser una vez más reelegida para el cargo de Superiora General, presentó su renuncia al Capítulo, por entender que no estaba en la mente de la Iglesia un gobierno tan prolongado.
M. Regina Arias Pedroarena ( 1958 - 1970)
Su ardiente vocación de educadora y su visión de futuro la llevaron a impulsar la introducción del bachillerato en los colegios de España, en 1925. Y, posteriormente, las residencias para jóvenes universitarias.
Llevó la presencia concepcionista a Estados Unidos e hizo realidad el deseo de M. Carmen de tener una casa en Roma.
La firmeza y fortaleza de su caracter, fue clave en la congregación al coincidir su etapa de gobierno con la preparación y desarrollo del Concilio Vaticano II y con los primeros pasos en su aplicación.
En la etapa posterior al Concilio Vaticano II, la Congregación profundiza en sus raíces carismáticas y renueva su impulso misionero:
M. Catalina Ruiz de Elvira y Mira (1970 - 1976)
Abordó el difícil periodo del aggiornamento postconciliar con un talante de cordialidad, apertura y comprensión. Mantuvo y alentó una actitud positiva ante el descenso de vocaciones y el inicio de una etapa de mayores dificultades en la enseñanza. En ambas situaciones promovió actitudes de fe y respuestas de eficacia, mediante una mayor especialización para la enseñanza y la pastoral.
Inició la presencia concepcionista en África: República del Congo; y en algunos países de América: Perú (que no prosperó) y República Dominicana.
M. Natividad Osúa Díez (1976 -1982)
En la misma línea de serena fidelidad a las orientaciones de la Iglesia, convocó en la Congregación un año de acción de gracias, al cumplirse los 25 de la aprobación definitiva del Instituto y las Constituciones; y alentó los trabajos de su revisión y adaptación a las orientaciones del Concilio.
Mantuvo la apertura misionera hacia el continente africano, iniciando la misión de Guinea Ecuatorial. Sus numerosos viajes dan fe del empeño por mantener la atención personal en el trato con las religiosas.
M. Carmen Bernal Ramírez (1982 -1988)
El amor a la Congregación y a su Fundadora, la llevaron a promover los estudios sobre M. Carmen Sallés y a impulsar la segunda etapa de su Proceso de Beatificación. En su generalato culminó la revisión de nuestra legislación, con la aprobación pontificia del Directorio.
Llevó la presencia concepcionista a Corea del Sur y a Filipinas. Ella misma se hizo portadora de esa presencia, mediante la frecuente información sobre sus encuentros con las hermanas de diferentes países.
M. María Mateu Viñas (1988 - 2000)
Dos efemérides marcan los dos sexenios a que se extendió su generalato. En 1992, la celebración del I Centenario de la Congregación y la Beatificación de M. Carmen Sallés por el Papa Juan Pablo II el 15 de marzo de 1998.
Llevó la Congregación a México. Y gracias a su extraordinaria capacidad de trabajo y reflexión, enriqueció nuestro Patrimonio Espiritual con un elenco de cartas circulares de gran valor teológico y espiritual.
M. María Luz Martínez Andrés (2000 - ... )
Elegida en el último Capítulo General, en el corto espacio de tiempo transcurrido desde el inicio de su mandato, ha impulsado el desarrollo del Movimiento Laico Concepcionista y la Misión Compartida.
No sólo ha visitado ya todos los países en que existe alguna comunidad concepcionista, sino que los ha elevado a trece con la fundación en Camerún.
Beata Carmen Sallés y Barangueras
La persona
Todo empezó en Vic (Barcelona, España), en 1848.
El 9 de abril nació a la vida. El 11 nació a la gracia.
Con un nombre: Carmen Sallés. Y con un estilo que uno de sus hermanos resumía en aquel aire suyo de andarse en la presencia de Dios.
En el día a día, fue colegiala en la Compañía de María. Y se preparó, alegre y consciente, para el matrimonio. Pero con una duda inquietante: ¿era eso, lo que Dios quería de ella?.
Unos Ejercicios Espirituales y un discernimiento valiente, le hicieron ver que no. Dios la invitaba a consagrarse a Él, en la vida religiosa.
Nuevos interrogantes: ¿Dónde? ¿Cómo?
Consagrada
En 1869,en condiciones sociales y políticas adversas, emprendió una nueva etapa de progresivo discernimiento de la voluntad de Dios.
Entre las Adoratrices conoció a jóvenes de su edad, que no habían tenido una familia ni una educación como la suya. Jóvenes sometidas a la explotación y el vicio.
Y escuchó, de nuevo, la voz del Espíritu: "Para alcanzar buenos fines, son menester buenos principios"... De la regeneración de jóvenes extraviadas, pasó a la educación preventiva.
Siguió su búsqueda entre las Dominicas. Se abrió a la educación. Y descubrió que los horizontes de la educación femenina en la sociedad del momento eran muy limitados.
El Espíritu le sugería nuevos horizontes para la mujer de tiempos nuevos...
Fundadora
A partir de 1892, Carmen, con tres compañeras, emprendió la fundación de una Congregación Religiosa en la Iglesia.
Su misión: Ofrecer a la mujer una educación en que se armonizasen la piedad y las letras, la virtud y la ciencia...
Hija de María Inmaculada, expresó visiblemente su deseo de imitarla, en el hábito blanco y azul que habían de vestir quienes la siguieran.
Hija de la Iglesia, en ella y con ella, bajo su orientación y con su aprobación, inició un camino en el seguimiento de Cristo.
En Misión
Expresada sin fronteras, con diversas formas de presencia en la sociedad y en la Iglesia, en 13 países de 4 continentes.
En actividades escolares y educativas, en proyectos de voluntariado, en la formación para la misión...
Conoce las actividades de las Concepcionistas Misioneras de la Enseñanza:
Centros escolares
Residencias
Lares y Multihogares
Talleres
Colaboración parroquial
Centros de Formación
Voluntariado
Centros de Formación
El fin primordial de la formación es:
Descubrir y acoger la vocación personal. Responder “SI” a la voluntad de Dios.
Prepararse para ser una persona consagrada a Dios en la vida religiosa, testigo de Cristo pobre, casto y obediente.
Asimilar y profundizar la identidad religiosa concepcionista, porque Dios llama a un Instituto concreto, con un carisma particular. La formación en el carisma desarrolla, de forma global y progresiva, los distintos aspectos de la espiritualidad concepcionista.
Voluntariado Concepcionista Misionero
El voluntariado concepcionista se ofrece a jóvenes y adultos como una opción personal desinteresada a través de compromisos temporales de servicio, desde la perspectiva humana y cristiana.
Las opciones son múltiples, con diverso grado de compromiso en el tiempo de dedicación y en el modo de desarrollarlas:
• Dedicación de alguna hora semanal a lo largo del curso escolar como:
- Monitores de grupos cristianos o de catequesis.
- Colaboradores para realizar refuerzos educativos.
- Asistentes que animan y escuchan a ancianos o enfermos.
- Ropero.
- "Voluntariado de la esperanza".
- Colaboración con proyectos misioneros o de ayuda humanitaria.
- Promoción social de barrios marginados.
• Implicación de varios días en:
- Pascuas rurales.
- Asistencia a centros de disminuidos físicos.
- Animación de tiempo libre en campamentos.
- Experiencias misioneras durante un mes en lugares de necesidad, compartiendo su vida y su fe con hombres y mujeres, jóvenes y niños, de culturas diferentes.
• Si sientes la urgencia misionera de participar en el voluntariado misionero en periodos de varios meses conecta con M. Fermina Maté: rcmvicariag@planalfa.es; Teléfono 915 401 462.
Y para que conozcas un poquito de estas experiencias, algunos participantes en ellas te ofrecen con mucha ilusión su powerpoint.
Evinayong (Guinea Ecuatorial) - Proyecto Misionero en Guinea Ecuatorial (Verano 2002)
Morichalito (Venezuela) - “Una experiencia inolvidable” (Verano 2002)
Consuelo (República Dominicana) - Experiencia misionera (Verano 2002)
Los tres te van a gustar, pero por mucho que te gusten, ellos dicen que, lo maravilloso es estar con las personas en su ambiente, aprender de ellos ¡tantas cosas!. Habla con quienes han realizado el voluntariado y sabrás cosas de primera mano.
Si estás interesado en participar en alguna actividad del voluntariado Concepcionista infórmate a través de un centro Concepcionista de tu localidad o nación.
Para el voluntariado misionero comunícate con: rcmvicariag@planalfa.es
Fuente: www.concepcionistas.com
Autor: n/a
Carisma de la Familia Concepcionista
Un Carisma para una Familia
Dios otorgó a la Iglesia un nuevo “carisma”, una “gracia”, cuando inspiró a Carmen Sallés una manera concreta de vivir el seguimiento de Cristo propio de todos los bautizados.
- A partir de 1892, se inicia el camino de la Familia Concepcionista en la Iglesia, haciéndose presente en ella mediante una Congregación Religiosa. Es el principio. Pero las Religiosas se saben depositarias de una gracia carismática en continuo desarrollo. Leen en sus Constituciones: “Buscaremos en continuo discernimiento la respuesta válida a cada momento histórico”.
- En nuestro momento histórico-eclesial, especialmente a partir del Concilio Vaticano II, se va desarrollando el carisma en dirección al laicado. Porque una comunidad de fe admite diferentes niveles de participación y vivencia de esa fe. Así lo reconocía el XIII Capítulo General:
“El carisma concepcionista es un don que Dios nos ha dado para enriquecer a su Iglesia... no se nos ha dado en exclusiva, sino que debe ser compartido como don eclesial, generando una afinidad espiritual...”
Desde esa afinidad surgen dos maneras de vivirlo: desde una espiritualidad consagrada o desde una espiritualidad laical, unidas por la misma perspectiva de fe y de gracia.
Espiritualidad Consagrada
Para la joven que ingresa en la Congregación de Religiosas Concepcionistas Misioneras de la Enseñanza, lo mismo que para la mujer adulta que lleva años haciendo camino, la síntesis de su compromiso público ante la Iglesia, lo resumen así las Constituciones:
- “... Seguir a Jesucristo lo más perfectamente posible, imitando el género de vida que Él llevó...”
- “... Responder a Dios según las exigencias del Evangelio, en comunión fraterna, en castidad, pobreza y obediencia, imitando su tarea de Maestro que anuncia el Reino a las multitudes y acoge a los niños...”
- “... Desde su Concepción Inmaculada, María es imagen perfecta de lo que la Congregación entera y cada una de las religiosas deseamos ser. Ella es prototipo y modelo de nuestra fecundidad espiritual que, por la suya, se hace más amplia y universal”
Espiritualidad Laical
Para el laico concepcionista, Hombre o Mujer que descubre a Dios en su historia cotidiana, esta espiritualidad supone hacer suyas, en su realidad concreta, las palabras de Juan Pablo II: “... los laicos ofrecerán a las familias religiosas la rica aportación de su secularidad”.
Partiendo de su identidad seglar, desde las condiciones de su vocación cristiana, y contando con los compromisos derivados de la propia situación familiar y/o profesional, colabora en el proceso de asociación iniciado a partir del último Capítulo General Concepcioncita:
“Estudiar los caminos y estimular la implantación de un Movimiento Seglar Concepcionista, para aquellos que quieran compartir nuestro carisma y nuestra espiritualidad”.
Asociándose, encuentra apoyos para su maduración como cristiano que se va llenando de Dios, al mirar a María Inmaculada, llena de gracia. Y asimila y adapta a su estilo personal el de Carmen Sallés, que la Iglesia nos propone como modelo.
También ofrece su apoyo a otros, realizando la misión derivada del carisma concepcionista: la educación, en sus múltiples formas: en la enseñanza, en la familia, entre los amigos o en el trabajo.
Historia de la Congregación
Fundación de la Congregación
El 15 de octubre de 1892, apoyadas por el Arzobispo de Burgos don Manuel Gómez Salazar, Carmen y tres compañeras: Emilia Horta, Candelaria Boleda y Remedios
Pujals , estrenaban su proyecto de vida.
El 7 de diciembre nacía la Congregación de Concepcionistas de Santo Domingo.
El 16 de abril de 1893, aprobadas las Constituciones por el Sr. Arzobispo, emitían la profesión religiosa.
Iniciaban un camino que el tiempo demostraría atrayente para ser recorrido por caminantes diversos, en circunstancias diversas.
De 1892 a 1911, M. Carmen estableció trece casas en España, e inició los pasos previos para llevar su obra a Italia y el Brasil
Falleció el 25 de julio de 1911 dejando un encargo a sus sucesoras: “Id vosotras...”
S.S. Juan Pablo II la beatificó el 15 de marzo de 1998.
Sus restos son venerados en el Oratorio a ella dedicado en Madrid, c. Princesa 19 y 21.
Desarrollo
Colaboradoras directas de M.Carmen Sallés, las dos primeras Superioras Generales hicieron posible una progresiva continuidad congregacional:
M. Providencia Esquíroz e Íñigo (1911 - 1919)
Alumna de M. Carmen desde los diez años, fue elegida sucesora suya con 30 años de edad, en el I Capítulo General.
En 1912 inició las fundaciones de Italia (que no prosperó) y del Brasil, donde dejó abiertas tres casas.
En 1917 promovió la celebración de las Bodas de Plata del Instituto.
M. Lourdes Alonso Martínez ( 1919 - 1932)
Fue una de las primeras religiosas. Colaboró desde muy joven con la Madre Fundadora en tareas de Gobierno.
Trabajó con especial empeño en la aprobación del Instituto y de sus Constituciones, a cuyo fin viajó a Roma en 1925. Visitó dos veces las casas del Brasil, de donde regresó ya muy enferma a España en 1931, al proclamarse la II Repúbica. Falleció pocos meses después.
Profundas transformaciones sociales y eclesiales marcan las dos siguientes etapas en el gobierno del Instituto:
M. Piedad Espinal e Íñigo (1933 - 1958)
Tuvo que afrontar dos guerras: la civil española (1936 -1939) y la 2ª mundial (1939 - 1945) en que el Brasil participó como país beligerante. En medio de las dificultades de la posguerra española, alentó la celebración de las Bodas de Oro y se ocupó en dos procesos, pese a sendos extravíos de documentos: la Beatificación de M. Carmen y la aprobación definitiva de las Constituciones y del Instituto, alcanzada el Año Mariano de 1954.
Llevó la Congregación al Japón y a Venezuela. En 1958, al ser una vez más reelegida para el cargo de Superiora General, presentó su renuncia al Capítulo, por entender que no estaba en la mente de la Iglesia un gobierno tan prolongado.
M. Regina Arias Pedroarena ( 1958 - 1970)
Su ardiente vocación de educadora y su visión de futuro la llevaron a impulsar la introducción del bachillerato en los colegios de España, en 1925. Y, posteriormente, las residencias para jóvenes universitarias.
Llevó la presencia concepcionista a Estados Unidos e hizo realidad el deseo de M. Carmen de tener una casa en Roma.
La firmeza y fortaleza de su caracter, fue clave en la congregación al coincidir su etapa de gobierno con la preparación y desarrollo del Concilio Vaticano II y con los primeros pasos en su aplicación.
En la etapa posterior al Concilio Vaticano II, la Congregación profundiza en sus raíces carismáticas y renueva su impulso misionero:
M. Catalina Ruiz de Elvira y Mira (1970 - 1976)
Abordó el difícil periodo del aggiornamento postconciliar con un talante de cordialidad, apertura y comprensión. Mantuvo y alentó una actitud positiva ante el descenso de vocaciones y el inicio de una etapa de mayores dificultades en la enseñanza. En ambas situaciones promovió actitudes de fe y respuestas de eficacia, mediante una mayor especialización para la enseñanza y la pastoral.
Inició la presencia concepcionista en África: República del Congo; y en algunos países de América: Perú (que no prosperó) y República Dominicana.
M. Natividad Osúa Díez (1976 -1982)
En la misma línea de serena fidelidad a las orientaciones de la Iglesia, convocó en la Congregación un año de acción de gracias, al cumplirse los 25 de la aprobación definitiva del Instituto y las Constituciones; y alentó los trabajos de su revisión y adaptación a las orientaciones del Concilio.
Mantuvo la apertura misionera hacia el continente africano, iniciando la misión de Guinea Ecuatorial. Sus numerosos viajes dan fe del empeño por mantener la atención personal en el trato con las religiosas.
M. Carmen Bernal Ramírez (1982 -1988)
El amor a la Congregación y a su Fundadora, la llevaron a promover los estudios sobre M. Carmen Sallés y a impulsar la segunda etapa de su Proceso de Beatificación. En su generalato culminó la revisión de nuestra legislación, con la aprobación pontificia del Directorio.
Llevó la presencia concepcionista a Corea del Sur y a Filipinas. Ella misma se hizo portadora de esa presencia, mediante la frecuente información sobre sus encuentros con las hermanas de diferentes países.
M. María Mateu Viñas (1988 - 2000)
Dos efemérides marcan los dos sexenios a que se extendió su generalato. En 1992, la celebración del I Centenario de la Congregación y la Beatificación de M. Carmen Sallés por el Papa Juan Pablo II el 15 de marzo de 1998.
Llevó la Congregación a México. Y gracias a su extraordinaria capacidad de trabajo y reflexión, enriqueció nuestro Patrimonio Espiritual con un elenco de cartas circulares de gran valor teológico y espiritual.
M. María Luz Martínez Andrés (2000 - ... )
Elegida en el último Capítulo General, en el corto espacio de tiempo transcurrido desde el inicio de su mandato, ha impulsado el desarrollo del Movimiento Laico Concepcionista y la Misión Compartida.
No sólo ha visitado ya todos los países en que existe alguna comunidad concepcionista, sino que los ha elevado a trece con la fundación en Camerún.
Beata Carmen Sallés y Barangueras
La persona
Todo empezó en Vic (Barcelona, España), en 1848.
El 9 de abril nació a la vida. El 11 nació a la gracia.
Con un nombre: Carmen Sallés. Y con un estilo que uno de sus hermanos resumía en aquel aire suyo de andarse en la presencia de Dios.
En el día a día, fue colegiala en la Compañía de María. Y se preparó, alegre y consciente, para el matrimonio. Pero con una duda inquietante: ¿era eso, lo que Dios quería de ella?.
Unos Ejercicios Espirituales y un discernimiento valiente, le hicieron ver que no. Dios la invitaba a consagrarse a Él, en la vida religiosa.
Nuevos interrogantes: ¿Dónde? ¿Cómo?
Consagrada
En 1869,en condiciones sociales y políticas adversas, emprendió una nueva etapa de progresivo discernimiento de la voluntad de Dios.
Entre las Adoratrices conoció a jóvenes de su edad, que no habían tenido una familia ni una educación como la suya. Jóvenes sometidas a la explotación y el vicio.
Y escuchó, de nuevo, la voz del Espíritu: "Para alcanzar buenos fines, son menester buenos principios"... De la regeneración de jóvenes extraviadas, pasó a la educación preventiva.
Siguió su búsqueda entre las Dominicas. Se abrió a la educación. Y descubrió que los horizontes de la educación femenina en la sociedad del momento eran muy limitados.
El Espíritu le sugería nuevos horizontes para la mujer de tiempos nuevos...
Fundadora
A partir de 1892, Carmen, con tres compañeras, emprendió la fundación de una Congregación Religiosa en la Iglesia.
Su misión: Ofrecer a la mujer una educación en que se armonizasen la piedad y las letras, la virtud y la ciencia...
Hija de María Inmaculada, expresó visiblemente su deseo de imitarla, en el hábito blanco y azul que habían de vestir quienes la siguieran.
Hija de la Iglesia, en ella y con ella, bajo su orientación y con su aprobación, inició un camino en el seguimiento de Cristo.
En Misión
Expresada sin fronteras, con diversas formas de presencia en la sociedad y en la Iglesia, en 13 países de 4 continentes.
En actividades escolares y educativas, en proyectos de voluntariado, en la formación para la misión...
Conoce las actividades de las Concepcionistas Misioneras de la Enseñanza:
Centros escolares
Residencias
Lares y Multihogares
Talleres
Colaboración parroquial
Centros de Formación
Voluntariado
Centros de Formación
El fin primordial de la formación es:
Descubrir y acoger la vocación personal. Responder “SI” a la voluntad de Dios.
Prepararse para ser una persona consagrada a Dios en la vida religiosa, testigo de Cristo pobre, casto y obediente.
Asimilar y profundizar la identidad religiosa concepcionista, porque Dios llama a un Instituto concreto, con un carisma particular. La formación en el carisma desarrolla, de forma global y progresiva, los distintos aspectos de la espiritualidad concepcionista.
Voluntariado Concepcionista Misionero
El voluntariado concepcionista se ofrece a jóvenes y adultos como una opción personal desinteresada a través de compromisos temporales de servicio, desde la perspectiva humana y cristiana.
Las opciones son múltiples, con diverso grado de compromiso en el tiempo de dedicación y en el modo de desarrollarlas:
• Dedicación de alguna hora semanal a lo largo del curso escolar como:
- Monitores de grupos cristianos o de catequesis.
- Colaboradores para realizar refuerzos educativos.
- Asistentes que animan y escuchan a ancianos o enfermos.
- Ropero.
- "Voluntariado de la esperanza".
- Colaboración con proyectos misioneros o de ayuda humanitaria.
- Promoción social de barrios marginados.
• Implicación de varios días en:
- Pascuas rurales.
- Asistencia a centros de disminuidos físicos.
- Animación de tiempo libre en campamentos.
- Experiencias misioneras durante un mes en lugares de necesidad, compartiendo su vida y su fe con hombres y mujeres, jóvenes y niños, de culturas diferentes.
• Si sientes la urgencia misionera de participar en el voluntariado misionero en periodos de varios meses conecta con M. Fermina Maté: rcmvicariag@planalfa.es; Teléfono 915 401 462.
Y para que conozcas un poquito de estas experiencias, algunos participantes en ellas te ofrecen con mucha ilusión su powerpoint.
Evinayong (Guinea Ecuatorial) - Proyecto Misionero en Guinea Ecuatorial (Verano 2002)
Morichalito (Venezuela) - “Una experiencia inolvidable” (Verano 2002)
Consuelo (República Dominicana) - Experiencia misionera (Verano 2002)
Los tres te van a gustar, pero por mucho que te gusten, ellos dicen que, lo maravilloso es estar con las personas en su ambiente, aprender de ellos ¡tantas cosas!. Habla con quienes han realizado el voluntariado y sabrás cosas de primera mano.
Si estás interesado en participar en alguna actividad del voluntariado Concepcionista infórmate a través de un centro Concepcionista de tu localidad o nación.
Para el voluntariado misionero comunícate con: rcmvicariag@planalfa.es
jueves, 17 de abril de 2008
Dios escoge lo mejor de su cosecha
Dios escoge lo mejor de su cosecha
Fuente: Catholic.net
Autor: P. Clemente González
Vamos a hablar del estilo de vida que ha hecho grande a muchos de los más grandes hombres. Del estado de vida al que Dios ha llamado a sus piezas claves. De los hombres y mujeres que han mantenido su fidelidad en la línea de fuego, sin dar un paso atrás.
Me refiero al "va todo por Cristo": la vocación al sacerdocio (y a la consagración).
Esta es una carta que un sacerdote escribió a un joven que "encuentra" en el camino a Cristo y al que Nuestro Señor le hizo la misma proposición que a aquel del Evangelio: "Véndelo todo y sígueme".
"He leído tu carta con vivo interés y he dado gracias a Dios por la maravilla que su gracia, secundada por tu generosa colaboración, está realizando en ti. Conmovido por la sinceridad y energía espiritual con que sigues viviendo tu ideal de transformarte en Cristo por el camino más costoso, que en definitiva es el más auténtico, quisiera corresponder por mi parte, con la misma convicción a la certeza que tienes de que Cristo ha irrumpido en tu vida y de que no te queda otra alternativa que seguirle hasta el fin.
Mi modesta experiencia me permite decirte, con las palabras del mismo Cristo, que has escogido la mejor parte, que nadie te podrá arrebatar (cf. Lc 10, 42). Has sentido sobre ti aquella mirada penetrante, que Cristo dirigió al joven rico y has correspondido a ella con la seguridad de que su gracia, una vez que ha puesto en tus manos el arado, te va a conceder también el no abandonarlo y el no volver la vista atrás.
Has dicho a Cristo que lo quieres seguir porque estás convencido de sus condiciones, condiciones que bien sabes son de renuncia, de lucha contra el propio egoísmo, de muerte, incluso, para conquistar la vida verdadera. Te has dado cuenta, además, de la urgencia apostólica que encierra y reclama aquella declaración de Cristo: «Yo os he puesto en el mundo para que den fruto y su fruto permanezca para siempre» (Jn 15, 16).
Quiero, sin embargo, para que te sirva de estímulo y de guía, describirte la maravillosa experiencia de Cristo que realizó en su vida San Pablo, quien de perseguidor inconmovible y convencido, fue convertido en apóstol ardiente hasta el supremo sacrificio de su vida; de enemigo persona, en uno de los amigos más apasionados y arrolladores que ha tenido Cristo. San Pablo considera el amor de Cristo a su vida como una gracia completamente inmerecida, como un combate en el que prevaleció el más fuerte, el que tenía mayor capacidad de amar. Por eso, declara que ha sido alcanzado, que ha sido hecho prisionero por Cristo. Siente en alma viva cómo se volcó sobre él el amor de Cristo y por eso declara con tanta frecuencia: «Cristo me amó y se entregó a la muerte por mí» (Ga 2, 20).
Por eso se siente ligado fuertemente a Cristo, crucificado con Él, partícipe de su pasión con sus luchas por engendrar nuevos cristianos. Confía ardientemente en Él y grita ante todo el mundo la certeza inquebrantable que lo anima de que nada ni nadie lo arrancarán del amor a Cristo, precisamente porque es un amor que nace en Cristo, tiene su arraigo en Él y, por lo mismo, posee la firmeza de lo divino. Pero, al mismo tiempo, considera el apóstol ese amor como una conquista personal suya y es plenamente consciente de los sacrificios que el alcanzarla y conservarla le suponen: romper con todo lo que le liga al mundo: su condición de judío, de fariseo observante, de doctor de la ley, es decir, de todo lo que para él es humanamente lo más entrañable. Ahora que posee a Cristo, considera todo eso como pérdida, como estiércol, (para conservar la misma palabra de San Pablo). Pero también, se estremece cuando piensa que puede hacerse indigno de esta vocación, y por eso pide oraciones a los cristianos, crucifica su cuerpo, soporta mil vejaciones con el anhelo de alcanzar la completa posesión de Cristo, su supremo y único bien.
1. Ser sacerdote es convertirse en "otro Cristo". Es decir, cuando un joven recibe el llamado de Dios para seguirlo en la vocación más grande que existe, que es seguir de la manera más fiel al Maestro, a Jesús, se convierte inevitablemente en:
• el motor del mundo,
• en el sostén de la Iglesia,
• en el testimonio de vida y de entrega a los demás,
• en el hombre pleno por excelencia,
• en el portador de la salvación para los hombres (sin el sacerdote, no habrían sacramentos),
• en otro Cristo.
2. Dios escoge lo mejor de su cosecha. Para ser sacerdote es necesario que Dios piense en alguien especial, muy especial. Y que le conceda la gracia de la vocación al sacerdocio o vida religiosa. No es para todos, no es para cualquiera. Ni siquiera puede una persona auto proclamar que "tiene vocación". Esta vocación es un regalo de Dios, en la cual manifiesta una predilección especial por un joven, para que se convierta en el guía de Su rebaño. Y hay que estar atentos a cuando "de pronto" entra una inquietud y un interés particular por ese estilo de vida: puede ser Dios queriendo tocar las puertas de nuestra alma.
3. Es una vocación concreta. Dios llama con nombre y apellido a alguien, en algún momento de su vida, para que le responda en algún momento determinado, y entre en el Seminario como Él espera. No es una "idea" rondando en la cabeza: es Dios que necesita operarios, aún cuando Él es omnipotente y todopoderoso.
No es una vocación para gente extraña. Todo lo contrario, es para los más amados y cercanos a Nuestro Señor. Tampoco es una vocación "rara" de encontrar, que ya en nuestros tiempos no se debería dar. Lo que pasa es que estamos ya tan llenos de ruido, de pasiones, de distracciones, que no nos damos la oportunidad de escuchar en nuestro interior. Tan no es rara, que solamente existen dos tipos de vocación, y una es precisamente la consagración a Jesús como sacerdote, pastor de Su Iglesia.
4. Cualidades que se necesitan.
Una capacidad inmensa de amar (como lo hizo Jesucristo) y un corazón donde quepa toda la humanidad. Cuesta, es cierto, pero te hace el más feliz y el hombre más pleno de la Creación. Muchos creen que duele aceptar la vocación. Parece que se va a perder la vida pues hay que entregársela a Dios. Nada más falso que eso, ya que la vida es toda de Dios, ya sea casado, soltero, consagrado.
La diferencia está en que los sacerdotes, religiosos o religiosas y laicos consagrados ya no se van a dar de topes buscando la felicidad en otros lados, como lo haremos la gran mayoría, hasta encontrar el caminito seguro que nos lleva a Dios.
Los que tienen el llamado y deciden entregar toda su vida ya se adelantaron a vivir en contemplación divina y ahora guían a los demás hacia Dios.
5. Pasos para saber si hay vocación.
Un sacerdote, acostumbrado a descubrir vocaciones sacerdotales y religiosas, recomienda las siguientes cinco claves para resolver el "misterioso llamado" de Dios:
1. Inteligencia sana, compatible con una fe vigorosa.
2. Salud física y mental.
3. Don de gentes (tener una natural simpatía y gusto por ser sociable).
4. Gusto por las cosas de Dios (querer colaborar con las "cosas del Padre")
5. La más importante: Ser llamado por Dios. Y esto sólo se sabe de cara (y de rodillas) al Sagrario.
Cuando una persona decide responder al llamado que Dios le está haciendo de consagrar su vida como religiosa, sacerdote, siempre existirán las grandes "voces de la experiencia", que tratan de convencerla de "no desperdiciar su vida".
Debemos estar muy atentos y analizar siempre qué es realmente vivir. Y vivir es llegar a ser pleno, ser el más feliz, ayudar a los demás en todo lo que se pueda, tomar decisiones trascendentes y seguirlas con la firmeza de una roca, ser el guía de los demás, ser el mejor amigo de Dios, tenerlo todo. Ante una visión de estas, cualquier argumento caerá por tierra.
Algo que no debes olvidar
• Ser sacerdote es convertirse en "otro Cristo".
• Para ser sacerdote es necesario que Dios conceda la gracia y llame a la vida consagrada.
• Es una vocación concreta. Dios llama con nombre y apellido a alguien, en algún momento de su vida, para que le respondamos en algún momento determinado.
• No es una vocación para gente extraña. Todo lo contrario, es para los más amados y cercanos a Nuestro Señor.
• No es una vocación rara de encontrar: estamos ya tan llenos de ruido, de pasiones, de distracciones, que no nos damos chance para escuchar en nuestro interior.
• Se necesita una capacidad inmensa de amar y un corazón donde quepa toda la humanidad
• Pareciera que aceptar la vocación duele, porque se va a perder "lo mejor de la vida". Pero la vida es toda de Dios.
Fuente: Catholic.net
Autor: P. Clemente González
Vamos a hablar del estilo de vida que ha hecho grande a muchos de los más grandes hombres. Del estado de vida al que Dios ha llamado a sus piezas claves. De los hombres y mujeres que han mantenido su fidelidad en la línea de fuego, sin dar un paso atrás.
Me refiero al "va todo por Cristo": la vocación al sacerdocio (y a la consagración).
Esta es una carta que un sacerdote escribió a un joven que "encuentra" en el camino a Cristo y al que Nuestro Señor le hizo la misma proposición que a aquel del Evangelio: "Véndelo todo y sígueme".
"He leído tu carta con vivo interés y he dado gracias a Dios por la maravilla que su gracia, secundada por tu generosa colaboración, está realizando en ti. Conmovido por la sinceridad y energía espiritual con que sigues viviendo tu ideal de transformarte en Cristo por el camino más costoso, que en definitiva es el más auténtico, quisiera corresponder por mi parte, con la misma convicción a la certeza que tienes de que Cristo ha irrumpido en tu vida y de que no te queda otra alternativa que seguirle hasta el fin.
Mi modesta experiencia me permite decirte, con las palabras del mismo Cristo, que has escogido la mejor parte, que nadie te podrá arrebatar (cf. Lc 10, 42). Has sentido sobre ti aquella mirada penetrante, que Cristo dirigió al joven rico y has correspondido a ella con la seguridad de que su gracia, una vez que ha puesto en tus manos el arado, te va a conceder también el no abandonarlo y el no volver la vista atrás.
Has dicho a Cristo que lo quieres seguir porque estás convencido de sus condiciones, condiciones que bien sabes son de renuncia, de lucha contra el propio egoísmo, de muerte, incluso, para conquistar la vida verdadera. Te has dado cuenta, además, de la urgencia apostólica que encierra y reclama aquella declaración de Cristo: «Yo os he puesto en el mundo para que den fruto y su fruto permanezca para siempre» (Jn 15, 16).
Quiero, sin embargo, para que te sirva de estímulo y de guía, describirte la maravillosa experiencia de Cristo que realizó en su vida San Pablo, quien de perseguidor inconmovible y convencido, fue convertido en apóstol ardiente hasta el supremo sacrificio de su vida; de enemigo persona, en uno de los amigos más apasionados y arrolladores que ha tenido Cristo. San Pablo considera el amor de Cristo a su vida como una gracia completamente inmerecida, como un combate en el que prevaleció el más fuerte, el que tenía mayor capacidad de amar. Por eso, declara que ha sido alcanzado, que ha sido hecho prisionero por Cristo. Siente en alma viva cómo se volcó sobre él el amor de Cristo y por eso declara con tanta frecuencia: «Cristo me amó y se entregó a la muerte por mí» (Ga 2, 20).
Por eso se siente ligado fuertemente a Cristo, crucificado con Él, partícipe de su pasión con sus luchas por engendrar nuevos cristianos. Confía ardientemente en Él y grita ante todo el mundo la certeza inquebrantable que lo anima de que nada ni nadie lo arrancarán del amor a Cristo, precisamente porque es un amor que nace en Cristo, tiene su arraigo en Él y, por lo mismo, posee la firmeza de lo divino. Pero, al mismo tiempo, considera el apóstol ese amor como una conquista personal suya y es plenamente consciente de los sacrificios que el alcanzarla y conservarla le suponen: romper con todo lo que le liga al mundo: su condición de judío, de fariseo observante, de doctor de la ley, es decir, de todo lo que para él es humanamente lo más entrañable. Ahora que posee a Cristo, considera todo eso como pérdida, como estiércol, (para conservar la misma palabra de San Pablo). Pero también, se estremece cuando piensa que puede hacerse indigno de esta vocación, y por eso pide oraciones a los cristianos, crucifica su cuerpo, soporta mil vejaciones con el anhelo de alcanzar la completa posesión de Cristo, su supremo y único bien.
1. Ser sacerdote es convertirse en "otro Cristo". Es decir, cuando un joven recibe el llamado de Dios para seguirlo en la vocación más grande que existe, que es seguir de la manera más fiel al Maestro, a Jesús, se convierte inevitablemente en:
• el motor del mundo,
• en el sostén de la Iglesia,
• en el testimonio de vida y de entrega a los demás,
• en el hombre pleno por excelencia,
• en el portador de la salvación para los hombres (sin el sacerdote, no habrían sacramentos),
• en otro Cristo.
2. Dios escoge lo mejor de su cosecha. Para ser sacerdote es necesario que Dios piense en alguien especial, muy especial. Y que le conceda la gracia de la vocación al sacerdocio o vida religiosa. No es para todos, no es para cualquiera. Ni siquiera puede una persona auto proclamar que "tiene vocación". Esta vocación es un regalo de Dios, en la cual manifiesta una predilección especial por un joven, para que se convierta en el guía de Su rebaño. Y hay que estar atentos a cuando "de pronto" entra una inquietud y un interés particular por ese estilo de vida: puede ser Dios queriendo tocar las puertas de nuestra alma.
3. Es una vocación concreta. Dios llama con nombre y apellido a alguien, en algún momento de su vida, para que le responda en algún momento determinado, y entre en el Seminario como Él espera. No es una "idea" rondando en la cabeza: es Dios que necesita operarios, aún cuando Él es omnipotente y todopoderoso.
No es una vocación para gente extraña. Todo lo contrario, es para los más amados y cercanos a Nuestro Señor. Tampoco es una vocación "rara" de encontrar, que ya en nuestros tiempos no se debería dar. Lo que pasa es que estamos ya tan llenos de ruido, de pasiones, de distracciones, que no nos damos la oportunidad de escuchar en nuestro interior. Tan no es rara, que solamente existen dos tipos de vocación, y una es precisamente la consagración a Jesús como sacerdote, pastor de Su Iglesia.
4. Cualidades que se necesitan.
Una capacidad inmensa de amar (como lo hizo Jesucristo) y un corazón donde quepa toda la humanidad. Cuesta, es cierto, pero te hace el más feliz y el hombre más pleno de la Creación. Muchos creen que duele aceptar la vocación. Parece que se va a perder la vida pues hay que entregársela a Dios. Nada más falso que eso, ya que la vida es toda de Dios, ya sea casado, soltero, consagrado.
La diferencia está en que los sacerdotes, religiosos o religiosas y laicos consagrados ya no se van a dar de topes buscando la felicidad en otros lados, como lo haremos la gran mayoría, hasta encontrar el caminito seguro que nos lleva a Dios.
Los que tienen el llamado y deciden entregar toda su vida ya se adelantaron a vivir en contemplación divina y ahora guían a los demás hacia Dios.
5. Pasos para saber si hay vocación.
Un sacerdote, acostumbrado a descubrir vocaciones sacerdotales y religiosas, recomienda las siguientes cinco claves para resolver el "misterioso llamado" de Dios:
1. Inteligencia sana, compatible con una fe vigorosa.
2. Salud física y mental.
3. Don de gentes (tener una natural simpatía y gusto por ser sociable).
4. Gusto por las cosas de Dios (querer colaborar con las "cosas del Padre")
5. La más importante: Ser llamado por Dios. Y esto sólo se sabe de cara (y de rodillas) al Sagrario.
Cuando una persona decide responder al llamado que Dios le está haciendo de consagrar su vida como religiosa, sacerdote, siempre existirán las grandes "voces de la experiencia", que tratan de convencerla de "no desperdiciar su vida".
Debemos estar muy atentos y analizar siempre qué es realmente vivir. Y vivir es llegar a ser pleno, ser el más feliz, ayudar a los demás en todo lo que se pueda, tomar decisiones trascendentes y seguirlas con la firmeza de una roca, ser el guía de los demás, ser el mejor amigo de Dios, tenerlo todo. Ante una visión de estas, cualquier argumento caerá por tierra.
Algo que no debes olvidar
• Ser sacerdote es convertirse en "otro Cristo".
• Para ser sacerdote es necesario que Dios conceda la gracia y llame a la vida consagrada.
• Es una vocación concreta. Dios llama con nombre y apellido a alguien, en algún momento de su vida, para que le respondamos en algún momento determinado.
• No es una vocación para gente extraña. Todo lo contrario, es para los más amados y cercanos a Nuestro Señor.
• No es una vocación rara de encontrar: estamos ya tan llenos de ruido, de pasiones, de distracciones, que no nos damos chance para escuchar en nuestro interior.
• Se necesita una capacidad inmensa de amar y un corazón donde quepa toda la humanidad
• Pareciera que aceptar la vocación duele, porque se va a perder "lo mejor de la vida". Pero la vida es toda de Dios.
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